Enviado el miércoles, 15 de febrero de 2006 14:17
Plantea un internauta, a raíz de una pregunta que le hicieran a Ana Laura Aláez en una entrevista que es en sí misma todo un diagnóstico del estado del Arte contemporáneo en nuestro país, qué ocurriría si todo el mundo fuese artista.
La respuesta a esa "democratización absoluta" del ámbito de la producción artística, planteada ya hace décadas por el por otra parte sospechosamente oscuro "iluminado" Joseph Beuys, la tenemos delante de nuestras narices. La actual hiperinflación de artistas, obras, museos, bienales, certámenes, etc. no es sino la consecuencia de esa supuesta democratización. Hace tres siglos, para llegar a ser un artista reconocido había que pasar por largos años de duro aprendizaje en el taller de un maestro reputado. Hace dos, había que cursar largos estudios para conocer y cumplir las normas de la Academia. Hace uno, había que demostrar lo innecesario de dicho aprendizaje proponiendo una mirada nueva y original sobre el mundo. Hoy en día, a nadie se le exige experiencia previa, ni unos estudios específicos, ni siquiera un mínimo grado de genialidad. Cualquiera puede ser artista, si se lo propone (otra cosa es que el mundo del arte, el mercado y el público estén dispuestos a permitirle vivir de su trabajo). ¿Quién osa negarle a nadie el carné de artista después de Duchamp, Warhol o Manzoni? La consecuencia obvia de todo ello es que el 99% de las obras que nos inundan no pasan de meras "ocurrencias" (tomo prestado el término de un amigo): notas a pie de página, bromas supuestamente ingeniosas, chistes malos, comentarios más o menos procedentes. El verdadero Arte reside y resiste, como la aldea de Astérix, en el 1% restante: aquellas obras que no se agotan con una mirada, ni se explican con una frase, ni se olvidan al instante. El porcentaje es aproximativo (aunque generoso), y no hay que sorprenderse: ¿cuántas de las decenas de miles de construcciones que se hacen en España al año pueden en puridad denominarse "Arquitectura"? ¿Cuántas de las novelas, "Literatura"? ¿Cuántas de las composiciones, "Música"?
Me temo por tanto que la intuición del internauta de que "quizás se produjese una purga, una especie de "selección natural" en la que se reconociese aquello que tiene verdadero valor, depurando al fin el misticismo imperante en este ámbito" no ha resultado correcta -lo cual era previsible, visto el misticismo del propio Beuys-. A corto plazo esa selección natural la opera el mercado; a largo, tan sólo el tiempo. Y al mercado, evidentemente, no le interesa el valor, sino el precio. Esto puede parecer escandaloso a los que sigan mirando el arte con ojos románticos, pero es el mismo principio que rige para todos los demás mercados: el de valores (la Bolsa se basa antes en expectativas y miedos que en realidades), el inmobiliario (éste por sí mismo haría innecesarios otros ejemplos), el de la prostitución, el de personas, el de órganos... Que nos resulte más incomprensible en el caso del arte que en el de estos últimos ejemplos es una buena prueba de las patologías que afectan a nuestra sociedad.
En cuanto a la comparación con la Ciencia, la palabra clave en este caso es "progreso". He de confesar que me resulta un poco sorprendente la confianza que sigue despertando este término en el internauta. Supongo que también en el campo de la Ciencia se ha dado una revisión del proyecto Ilustrado -con su fe ciega en el progreso y su promesa de felicidad siempre pospuesta- similar a la ocurrida en los ámbitos de las artes, la literatura y la cultura en general. Igual es una paranoia mía, pero ese sueño de la conversión de todos los hombres y mujeres en científicos me recuerda peligrosamente a esos delirios de un mundo perfecto logrado gracias a la Ciencia que han salpicado nuestra Historia y llenado nuestros cementerios...
Y, en cualquier caso, ¿alguien cree de verdad que necesitamos MÁS artistas...?
Daniel A. Verdú Schumann