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miércoles, 01 de febrero de 2006

Un comentarista señala la incoherencia entre el carácter supuestamente "desinteresado" del arte y la búsqueda, por parte de los artistas, de dinero, fama o proyección con su trabajo. Comenta: "Hace tiempo que no veo una obra de arte sin firmar, gratuita, y carente de mensaje más allá del estético". Este planteamiento, muy habitual entre gran parte del público, obedece a la idea romántica de que el artista debe trabajar "por amor al arte", en todas sus acepciones, y que algo tan excelso como el arte no debe mezclarse con cosas tan prosaicas como el dinero, el éxito o la política. Si el artista acaba ignorado, en la miseria y autodestruido, entonces alcanza la categoría suprema: la de "maldito", y se le recompensa con creces tras su muerte por lo que no alcanzó en vida.

Se trata de una visión idílica que nos gusta creer porque nos permite recordar que nuestra sociedad occidental se compone de algo más que de materialismo, consumismo y ansia de poder. Pero, ¿por qué hemos de cargar sobre los artistas esa responsabilidad? En un modo de vida que ha hecho de la propiedad (material e intelectual) su fundamento económico y social, nadie espera de los arquitectos que construyan gratis, ni de los científicos que renuncien al reconocimiento (en forma de patentes -dinero-, premios o fama) por su trabajo, ni de los políticos que se sepa cuáles son sus méritos, ni de los profesores que demos clase "por amor a la docencia" (bueno, quizá esto último un poco sí... pero es una perversión más del sistema capitalista: la idea de que la vocación "humanística" no requiere recompensa). ¿Por qué los artistas deben ser diferentes? El deseo de reconocimiento -de cualquier tipo- no sólo no es incompatible con la voluntad de realizar una obra "trascendente", sino que a menudo es el acicate indispensable para que ésta se dé. El precio de los altares se pactaba previamente con el artista (descendiendo al detalle de calcular el coste y cantidad de cada pigmento empleado), Velázquez ansiaba ascender en la corte de los Austrias, y el "Guernica" fue un encargo de marcado carácter político. Ni el dinero, ni la fama, ni el mensaje son incompatibles con el valor estético y artístico. Hay que diferenciar, de una vez por todas, al artista de su obra. Los intereses del primero no tienen porqué coincidir con los de la segunda. ¿Qué mas da qué mueva al artista, si su obra contribuye a alumbrarnos?

Daniel A. Verdú Schumann

PS: Una recomendación de la competencia: el blog de una de las mentes más lúcidas de este país, que ha dedicado gran parte de su tiempo a esclarecer, con fina ironía y demoledora claridad, asuntos como el que hoy nos ocupa.

11:57 | gestionado por Daniel A. Verdú Schumann | Enviar comentario (1)