Para un ingeniero lo que importa es el sistema; y, en particular, como éste se comporta. Si algo hemos aprendido en nuestra historia es que el material con el que construimos nuestras máquinas no cuenta mas allá de las propiedades concretas que ofrece. Una viga puede ser de acero, madera o espuma de cerveza siempre y cuando su resistencia a la carga sea suficiente para soportar lo que tiene encima.
Lo mismo sucede con la mente, el yo o el alma.
En esta perspectiva inauguramos este espacio -Almas Artificiales- para explorar este universo emergente de máquinas que piensan, de máquinas que son y de máquinas que sienten.