A pesar de que cada día
se dispone de un mayor arsenal terapéutico para el control de las enfermedades infecciosas bacterianas,estas no han podido ser erradicadas debido fundamentalmente, a que las bacterias desarrollan mecanismos de resistencia frente a antibióticos ante los que normalmente eran susceptibles.
Los microbiólogos tienen la percepción y la experiencia de que, tarde o temprano, ante la aparición de un nuevo antimicrobiano los microorganismos diana desarrollarán un mecanismo de resistencia, siendo la presión selectiva creada por su utilización, muchas veces incorrecta, la causa principal de la aparición de resistencias.
Los mecanismos de resistencia pueden ser diversos, pero en general se basan en la alteración del antibiótico o la alteración de la diana,
En el primer caso, la alteración del antibiótico suele deberse a la síntesis, por parte del microorganismo, de enzimas que degradan o modifican el antibiótico. En el segundo, la bacteria puede impedir que el antibiótico entre en la célula, puede crear mecanismos para su expulsión, o puede modificar los receptores finales mediante pequeños cambios o mutaciones en la molécula que reconoce el antibiótico. Este último, mutaciones en el gen que codifica la producción de una enzima (girasa) que ayuda en el proceso de transcripción de ADN, es el principal mecanismo por el que muchas bacterias adquieren resistencia a quinolonas como el ácido nalidíxico o fluoroquinolonas como la ciprofloxacina.
Muchos de estos mecanismos formarán parte de la MEMORIA GENÉTICA de la bacteria para las sucesivas generaciones.
Puesto que el fenómeno de la resistencia es muy preocupante, la Comisión Europea ha desarrollado una “Estrategia mundial OMS de contención de la resistencia a los antimicrobianos” que contempla la medicina humana y veterinaria.
En medicina veterinaria los antibióticos son utilizados de diversas formas. Como terapéutica, al igual que en medicina humana, para el tratamiento de enfermedades infecciosas o, de manera incorrecta, como: i) metafilaxia, tratando un lote de animales para evitar un brote de enfermedad cuando ciertas variables clínicas superan un umbral previamente establecido; ii) profilaxia, para la prevención de enfermedad en animales individuales o grupos de ellos y iii) a concentraciones subterapéuticas, con objetivos profilácticos y/o de promoción del crecimiento. Esta última práctica, utilizada en el pasado, está actualmente prohibida.
Por otra parte, la salmonelosis, cuya causa se atribuye al consumo de alimentos de origen animal contaminados por Salmonella, es una de las zoonosis productoras de gastroenteritis mas importante, tanto a nivel mundial como en España.
El tratamiento antimicrobiano de la salmonelosis debe reservarse a lactantes, mayores de 65 años, inmunodeprimidos o con comorbilidad. En estos casos, las fluoroquinolonas suelen ser el tratamiento empírico de elección, excepto en los niños, basándose en su actividad frente a los principales agentes responsables de las diarreas agudas y su concentración en el intestino (enlace).
De todos los serotipos de Salmonella, el serotipo Enteritidis, asociado al consumo de huevos y derivados, es el mas frecuente entre las cepas españolas (35% en 2005) y de éstas, mas de la mitad (52%) fueron ese año resistentes al ácido nalidixico. El uso veterinario extendido de las quinolonas de primera generación en las décadas de los 80 y 90 (flumequina, ácido oxolínico...) podría ser una de las causas de la HUELLA GENÉTICA dejada en algunos serotipos de Salmonella, la “resistencia al ácido nalidixico”. A pesar de ello, las cepas de Salmonella siguen siendo mayoritariamente sensibles a quinolonas de segunda generación como la ciprofloxacina.
Sirvan estos datos como uno entre otros ejemplos que nos lleven a considerar, tanto en medicina humana como en veterinaria, las repercusiones futuras de las prácticas actuales en el uso de antimicrobianos. La resistencia a antimicrobianos debe ser algo mas que una curiosidad científica, es una amenaza a la eficacia del tratamiento.
M. Aurora Echeita
Sección de Enterobacterias
Centro Nacional de Microbiología
Instituto de Salud Carlos III