Resulta sorprendente el número y variedad de especies animales que comparten con el hombre los hábitats urbanos.
Desde tiempo inmemorial el ser humano ha decidido agruparse como estrategia de supervivencia como especie; Este comportamiento es causa inevitable de modificación, en mayor o menor medida, del medio ambiente inmediato y las ciudades actuales no son sino el reflejo de esa intencionalidad de crear un medio o hábitat teóricamente favorable a sus intereses.
En ese contexto aparece la cuestión de los animales-plaga. Desde el punto de vista biológico, es evidente (e inevitable) que todo hábitat/circunstancia que genera recursos (alimentos, agua y posibilidades de refugio) resultará atractivo para determinadas especies animales que, consecuentemente, localizarán y utilizarán ese hábitat en su beneficio. Esta circunstancia de colonización y proliferación posterior puede o no ser compatible con el hombre y sus intereses. En este último supuesto, se habla de “plaga”.
“Plaga” por tanto podría considerarse como la presencia en número inaceptable de uno o varios animales en un entorno y situación dados. Según ésto, a priori ningún animal podría predefinirse como plaga sino en la medida que su demografía esté a un nivel superior al “umbral” aceptable.
Definir este “nivel o umbral de plaga” resulta, a menudo, una cuestión dificultosa. Resulta evidente que la presencia de una sóla cucaracha y que el simple avistamiento de un roedor en un almacén , en una cocina o –sencillamente- en el interior de una vivienda no es aceptable en los términos actuales de salud pública, seguridad y calidad de vida (umbral de plaga cero). Sin embargo, la presencia de cierto nivel poblacional (evaluado y tolerado) de ratas en el interior del sistema de saneamiento público urbano (alcantarillado) no es en absoluto a priori sinónimo de plaga ni motivo directo de riesgo.
La comprensión en su completa dimensión de estos conceptos se estima importante en la medida de las siguientes circunstancias:
-
Aunque pudiera resultar sorprendente, en ciudad y en ciertos entornos resulta imposible en la práctica mantener un nivel de ausencia total de animales. La evaluación riesgo-beneficio y la necesidad de asumir las limitaciones en diseño y mantenimiento de las infraestructuras creadas por el hombre resulta incompatible con, por ejemplo, la ausencia total de cucarachas en el alcantarillado público.
-
En entornos en los que se exige (salud pública) un umbral cero (ejemplo: locales relacionados con la producción, procesado, manipulación, almacenamiento, ... de alimentos), deben establecerse requisitos estrictos encaminados a impedir y/o dificultar (en la medida de los técnicamente posible) el acceso de animales (=plagas).
-
Si lo anterior falla y ya se ha producido la entrada de animales en esos entornos, la mayoría de los procedimientos de erradicación disponibles requieren el empleo de biocidas (=plaguicidas). Bien que se utilicen de acuerdo a los estrictos requisitos legales vigentes y los apliquen personal especialmente autorizado, y entrenado en estos operativos, la aplicación de este tipo de sustancias químicas en entornos de higiene alimentaria siempre implica costes y algún nivel de riesgo (exposición laboral, residuos, impacto ambiental, etc...).
Como corolario de lo anterior, se propone implementar todas las medidas técnicas posibles encaminadas a:
-
Diseñar adecuadamente la ciudad y sus infraestructuras, los locales destinados a vivienda, ocio, ... y-especialmente- las instalaciones relacionadas con higiene alimentaria al objeto de convertirlas en los menos atractivas posible frente a animales con potencialidad como vectores y/o plaga.
Saludos cordiales
JM Cámara
UTCV_Salud Ambiental
Madrid-Salud