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lunes, 17 de abril de 2006

   Resulta sorprendente el número y variedad de especies animales que comparten con el hombre los hábitats urbanos. Desde tiempo inmemorial el ser humano ha decidido agruparse como estrategia de supervivencia como especie; Este comportamiento es causa inevitable de modificación, en mayor o menor medida, del medio ambiente inmediato y las ciudades actuales no son sino el reflejo de esa intencionalidad de crear un medio o hábitat teóricamente favorable a sus intereses.

     En ese contexto aparece la cuestión de los animales-plaga. Desde el punto de vista biológico, es evidente (e inevitable) que todo hábitat/circunstancia que genera recursos (alimentos, agua y posibilidades de refugio) resultará atractivo para determinadas especies animales que, consecuentemente, localizarán y utilizarán ese hábitat en su beneficio. Esta circunstancia de colonización y proliferación posterior puede o no ser compatible con el hombre y sus intereses. En este último supuesto, se habla de “plaga”.


   “Plaga” por tanto podría considerarse como la presencia en número inaceptable de uno o varios animales en un entorno y situación dados. Según ésto, a priori ningún animal podría predefinirse como plaga sino en la medida que su demografía esté a un nivel superior al “umbral” aceptable.

 

   Definir este “nivel o umbral de plaga” resulta, a menudo, una cuestión dificultosa. Resulta evidente que la presencia de una sóla cucaracha y que el simple avistamiento de un roedor en un almacén , en una cocina o –sencillamente- en el interior de una vivienda no es aceptable en los términos actuales de salud pública, seguridad y calidad de vida (umbral de plaga cero). Sin embargo, la presencia de cierto nivel poblacional (evaluado y tolerado) de ratas en el interior del sistema de saneamiento público urbano (alcantarillado) no es en absoluto a priori sinónimo de plaga ni motivo directo de riesgo.

 

   La comprensión en su completa dimensión de estos conceptos se estima importante en la medida de las siguientes circunstancias:

  • Aunque pudiera resultar sorprendente, en ciudad y en ciertos entornos resulta imposible en la práctica mantener un nivel de ausencia total de animales. La evaluación riesgo-beneficio y la necesidad de asumir las limitaciones en diseño y mantenimiento de las infraestructuras creadas por el hombre resulta incompatible con, por ejemplo, la ausencia total de cucarachas en el alcantarillado público.
  • En entornos en los que se exige (salud pública) un umbral cero (ejemplo: locales relacionados con la producción, procesado, manipulación, almacenamiento, ... de alimentos), deben establecerse requisitos estrictos encaminados a impedir y/o dificultar (en la medida de los técnicamente posible) el acceso de animales (=plagas).
  • Si lo anterior falla y ya se ha producido la entrada de animales en esos entornos, la mayoría de los procedimientos de erradicación disponibles requieren el empleo de biocidas (=plaguicidas). Bien que se utilicen de acuerdo a los estrictos requisitos legales vigentes y los apliquen personal especialmente autorizado, y entrenado en estos operativos, la aplicación de este tipo de sustancias químicas en entornos de higiene alimentaria siempre implica costes y algún nivel de riesgo (exposición laboral, residuos, impacto ambiental, etc...).

   Como corolario de lo anterior, se propone implementar todas las medidas técnicas posibles encaminadas a:

  • Diseñar adecuadamente la ciudad y sus infraestructuras, los locales destinados a vivienda, ocio, ... y-especialmente- las instalaciones relacionadas con higiene alimentaria al objeto de convertirlas en los menos atractivas posible frente a animales con potencialidad como vectores y/o plaga.
  • Practicar un mantenimiento preventivo eficiente de estas instalaciones, que facilite la prevención y en su caso, la detección precoz y la solución rápida y eficaz de problemas vectoriales.
  • Aplicar estos principios a todo el proceso productivo (“de la granja a la mesa”).
  • En el contexto de los puntos anteriores, practicar políticas y estrategias de Control Integrado de Plagas (CIP/IPM), que se traduzcan en el empleo racional y minimizado de biocidas.

  

Saludos cordiales

 

JM Cámara

 

UTCV_Salud Ambiental

Madrid-Salud

11:42 | gestionado por Vigilancia Sanitaria | Enviar comentario (5)