Enviado el martes, 21 de febrero de 2006 18:21
La gripe aviar es un problema de Sanidad Animal. Aunque podría eventualmente ser un problema de Salud Pública para personas expuestas a aves enfermas, no es un problema de Seguridad Alimentaria.
Las aves salvajes actúan como diseminadoras a larga distancia de la enfermedad, pero su intervención potencial como transmisores directos de la misma a la población humana, es, cuando menos, improbable. Más probable, es que actuaran transmitiendo el virus a aves domésticas de consumo criadas en condiciones de semilibertad.
Sin embargo son estas las que han recibido una mayor atención de las autoridades veterinarias a efectos de su confinamiento y refuerzo de los sistemas de bioseguridad en granja, tanto en zonas próximas a humedales (inicialmente) como en las que no. Raro sería que en estos días alguien arriesgue su negocio, su medio de vida, contraviniendo las recomendaciones o requerimientos realizados desde las administraciones sanitarias.
¿Hay otros riesgos? Sin duda. Las aves de producción industrial son otro de los focos de atención como eventuales enlaces entre las aves salvajes y las personas. Y sin embargo, aquí, si cabe, la probabilidad de que se adquiera la enfermedad es menor. La bioseguridad en granja en este tipo de explotaciones es tradicionalmente intensísima, debido precisamente a las enormes pérdidas que las enfermedades transmisibles (influenza y otras más frecuentes) pueden ocasionar en estos colectivos. Por tanto este frente parece resguardado. Otra posibilidad, al parecer la causante del brote de Nigeria, es la importación de aves de forma ilegal. El comercio de pollos para su posterior engorde o uso como ponedoras es muy intenso. En palabras de Leon Bennun (BirdLife), "La globalización ha convertido a los pollos en la principal especie migratoria del mundo, y viajan todo el año, no de forma estacional, como las aves salvajes". Siendo este el caso de Nigeria casi con seguridad, nadie en su sano juicio realizaría este tipo de prácticas en Europa Occidental, donde además la vigilancia veterinaria es siempre intensa, y ahora, casi infranqueable.
Por tanto, y para concluir, la probabilidad de que la gripe aviar alcance aves destinadas a la cadena alimentaria es remota (no nula) y los mecanismos para evitarlo se llevan a cabo en nuestro entorno con las debidas garantías. Yo tomaré pollo, gracias.
Victor Briones
Laboratorio de Vigilancia Sanitaria (U.C.M.)