Hemos
acogido con sorpresa el anuncio de que uno de los dos
ministerios más afectados por el previsto recorte de gasto es el
Ministerio de Ciencia e Innovación. Hacemos un llamamiento a la
sociedad española, a sus representantes en el congreso, y al propio
Gobierno del Estado para conseguir que se invierta este anunciado
recorte y, por el contrario, se expanda el gasto en investigación y
desarrollo que tanto necesita nuestro país. El ladrillo ha marcado la década de mayor desarrollo de la economía de
España. Con el margen proporcionado por el excedente fiscal obtenido,
el actual gobierno incrementó fuertemente el gasto en I+D durante los
últimos años. Al amenazar la crisis económica y tras una década de
complacencia, se empezó a hablar con urgencia de la necesidad de un cambio de modelo. Necesidad evidente por la incapacidad de la construcción de arrastrar la
economía del país sin enterrarnos en cemento, o de crear empleo
cualificado. Sin embargo, un cambio de modelo requiere un apoyo
sostenido durante un largo tiempo.
Vemos con desazón que es el gasto en investigación y desarrollo el
primer daño "colateral" de la crisis. Para empezar, si se quería
inyectar dinero en el país, ¿no había mejor manera que gastarlo en más
ladrillo, tal y como ha hecho mayoritariamente el plan de estímulo
(
Plan E)? Curiosamente, incluso desde una perspectiva a corto plazo, es
difícil no ver las oportunidades que se presentan apoyando la
investigación. Para empezar, los investigadores no tienen por costumbre
retrasar sus compras: el dinero otorgado en proyectos de investigación
se gasta rápidamente. Pero más aún, el aumento de paro, especialmente
entre los jóvenes que buscan su primer empleo, parecería justificar un
programa nacional urgente de formación de investigadores y técnicos.
Oportunidades para conjuntar estímulo y avance de la ciencia y la
tecnología no faltan.
Es hiriente que EE.UU., país que no destaca por la escasez de su gasto
en investigación, la debilidad de su sistema de I+D, o la escasez de su
déficit, haya empleado precisamente los argumentos que acabamos de
exponer para, en tiempos de crisis, aumentar la financiación tanto de
la I+D en general como de la financiación de proyectos de investigación
en particular. Mientras unos países prometen (¿prometíamos?) llegan al
3% del PIB en gasto en I+D (nada menos que para en el 2010), otros se
dedican a rebasarlo. Díficil tenemos así
nuestra economía del conocimiento y nuestro futuro modelo de crecimiento.
Juan de la Figuera
vicepresidente de la
AACTE