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lunes, 18 de mayo de 2009

Hemos acogido con sorpresa el anuncio de que uno de los dos ministerios más afectados por el previsto recorte de gasto es el Ministerio de Ciencia e Innovación. Hacemos un llamamiento a la sociedad española, a sus representantes en el congreso, y al propio Gobierno del Estado para conseguir que se invierta este anunciado recorte y, por el contrario, se expanda el gasto en investigación y desarrollo que tanto necesita nuestro país.

El ladrillo ha marcado la década de mayor desarrollo de la economía de España. Con el margen proporcionado por el excedente fiscal obtenido, el actual gobierno incrementó fuertemente el gasto en I+D durante los últimos años. Al amenazar la crisis económica y tras una década de complacencia, se empezó a hablar con urgencia de la necesidad de un cambio de modelo. Necesidad evidente por la incapacidad de la construcción de arrastrar la economía del país sin enterrarnos en cemento, o de crear empleo cualificado. Sin embargo, un cambio de modelo requiere un apoyo sostenido durante un largo tiempo.


Vemos con desazón que es el gasto en investigación y desarrollo el primer daño "colateral" de la crisis. Para empezar, si se quería inyectar dinero en el país, ¿no había mejor manera que gastarlo en más ladrillo, tal y como ha hecho mayoritariamente el plan de estímulo (Plan E)? Curiosamente, incluso desde una perspectiva a corto plazo, es difícil no ver las oportunidades que se presentan apoyando la investigación. Para empezar, los investigadores no tienen por costumbre retrasar sus compras: el dinero otorgado en proyectos de investigación se gasta rápidamente. Pero más aún, el aumento de paro, especialmente entre los jóvenes que buscan su primer empleo, parecería justificar un programa nacional urgente de formación de investigadores y técnicos. Oportunidades para conjuntar estímulo y avance de la ciencia y la tecnología no faltan.

Es hiriente que EE.UU., país que no destaca por la escasez de su gasto en investigación, la debilidad de su sistema de I+D, o la escasez de su déficit, haya empleado precisamente los argumentos que acabamos de exponer para, en tiempos de crisis, aumentar la financiación tanto de la I+D en general como de la financiación de proyectos de investigación en particular. Mientras unos países prometen (¿prometíamos?) llegan al 3% del PIB en gasto en I+D  (nada menos que para en el 2010), otros se dedican a rebasarlo. Díficil tenemos así
nuestra economía del conocimiento y nuestro futuro modelo de crecimiento.

Juan de la Figuera
vicepresidente de la AACTE

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