En España nos gustan los contrastes. Presumimos de ser la octava potencia del mundo (bueno, nunca decimos en que baremo, desde luego no es en ninguno universitario). Y no hacemos más que hablar de lo importante que es la sociedad del conocimiento, la I+D, ups, I+D+i, y de como vamos a ser la California de Europa.
Y sin embargo, si nos leemos algo tan mundano como la reciente (y vigente) convocatoria de becas de FPU, nos encontramos con una realidad, digamos, más a ras de tierra. Para los no iniciados,
las becas de FPU (2 años de beca + 2 años de contrato) del
Ministerio de Ciencia e Innovación
(ex Ministerio de Educación y Ciencia, ex Ministerio de Ciencia y Tecnología, casi podemos aprovechar los membretes de los sobres de hace unos años) son unas becas "competitivas" que permiten a cualquiera hacer una tesis doctoral en España.
Su nombre, como ocurre con frecuencia (véanse las siglas de los
partidos políticos) no tiene apenas relación con su finalidad:
formación de profesorado universitario. Bueno, en realidad lo de
profesorado universitario es irrelevante, se puede disponer de una beca
FPU y hacer la tesis, por ejemplo, en el CSIC. Contrastan con
las becas de FPI, que se asignan a través de proyectos de investigación (formación de personal
investigador, aunque se puedan desarrollar en la universidad, claro).
Dejemos de lado la nomenclatura: las FPU son becas donde el peso
fundamental lo tiene el candidato, las de FPI son básicamente decididas
por el director del proyecto al que van asociadas.
El problema es que los investigadores en este país somos unos inútiles
incapaces de decidir quien quiere hacer una tesis con nosotros, o al
menos de comprobar si el candidato es un inútil total o un mentiroso
sin título. Por ello, el estado español dedica unos cuidados recursos
burocráticos a comprobar los requisitos de los candidatos. Y a
escogerlos en el caso de las becas FPU. Claro, con unos plazos que me
hacen enrojecer cuando debo comunicarselos a un candidato: seis meses
en el futuro con suerte se sabe si el candidato ha sido agraciado. Donde ser agraciado tiene un significado especial: en el mundo actual
de la precariedad, una vez pillada, la FPU (o FPI) dura cuatro años
aunque se caiga el mundo (o se lea la tesis). Si el candidato o
doctorando se va, el dinero se va (al menos quizá reduzca el déficit
del estado). Si el candidato descubre que no vale para esto, al
menosdisfruta de la vida cuatro años.
Pero más aún: resulta que para optar a una beca FPU hay que "
haber sido admitido
o haber presentado la solicitud de admisión en el curso 2008-2009 en un
programa de doctorado [...]". Un momento, para poder solicitar esta
beca, ¡hay que estar ya en un programa de doctorado! (por cierto, para
cuando sale la convocatoria, por supuesto que se ha cerrado el plazo de
los programas de doctorado, no vayamos a dejar resquicios abiertos). Genial: el huevo o la gallina. Sin comentar que el
candidato tiene que estar recientito, haber terminado la carrera dos
años antes. Uf, acabamos de mandar por la ventana toda la propaganda
sobre formación continua. No vamos a tener doctorandos talluditos que
encima sepan lo que se traen entre manos.
No sé, explicar esto en inglés a candidatos interesados y amigos
extranjeros no sólo me ha supuesto un problema psicológico. Es que el
"double-speak" a su lado parece un juego de niños.
Juan de la Figuera, vicepresidente de la
AACTE.