Enviado el lunes, 02 de junio de 2008 5:14
Programas de incorporación de investigadores a nuestro sistema de
ciencia y tecnología como el Juan de la Cierva
(http://www.micinn.es/planidi/juandelacierva/) o el Ramón y Cajal
(http://www.micinn.es/planidi/ramonycajal/) han sido sin duda
beneficiosos para la ciencia en nuestro país. Pero también han servido
para poner en evidencia ciertas carencias de nuestro sistema.
Estos programas permitieron la incorporación de investigadores a grupos
y/o departamentos por una vía distinta a la que había sido habitual en
muchos centros, para la cual, quizás, nuestro sistema no estaba
preparado. Esto se puede apreciar con el siguiente ejemplo. Supongamos
que un grupo de investigación multidisciplinar establecido en las
dependencias de un departamento de Anatomía de una universidad decide
incorporar a un biólogo molecular, dentro de cualquiera de los dos
programas de contratación mencionados anteriormente, para cubrir un
aspecto concreto de sus investigaciones. Un Ramón y Cajal, por ejemplo,
podría incorporarse de esa forma sin ningún inconveniente. El problema
surgiría al incluir a ese investigador en un área de conocimiento, que
en este ejemplo sería la de Anatomía. La posible futura estabilización
de ese investigador pasaría, con el actual sistema, por la convocatoria
de una plaza de profesor, irremediablemente ligada al área de
conocimiento del departamento y juzgada por expertos en ese área. Las
posibilidades de continuidad o de estabilización de ese investigador
quedarían así seriamente mermadas o incluso anuladas. Esta situación
sería claramente perjudicial tanto para el investigador como para el
propio grupo de investigación.
La aceptación, y la actuación en consecuencia, por parte de los
gestores de la ciencia en ámbitos nacionales, autonómicos y locales,
del hecho de que el futuro de la investigación científica y tecnológica
está en la integración de diversas disciplinas, debería dar lugar a un
serio replanteamiento de esas barreras clásicamente conocidas como
"áreas de conocimiento". Si bien éstas podrían estar justificadas, en
algunos casos, desde un aspecto meramente docente, suponen serias
trabas a la investigación, sobre todo en lo relativo a la integración
estable de investigadores expertos en campos concretos en grupos
multidisciplinares.
Otro gran problema en nuestros centros de investigación, quizás más
evidente en las universidades por su organización en departamentos, es
el espacio. Si bien este problema puede afectar a personal
principalmente docente, por falta de espacio para despachos, la
situación es mucho más sangrante en la vertiente investigadora. Resulta
curioso, y desde algunos puntos de vista, inexplicable, que en un mismo
centro se encuentren departamentos con grupos de investigación
altamente productivos y bien financiados que no pueden crecer por falta
de espacio físico, mientras en otros departamentos el espacio está
claramente infrautilizado y puede incluso no haber grupos de
investigación en los mismos. La solución a este problema ya no se
encuentra solamente en la, a veces, justificable falta de financiación
para la construcción de nuevos edificios o la ampliación de los ya
existentes, sino en una mejor gestión de los recursos ya disponibles.
José Carrodeguas, socio de la AACTE
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