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En busca del gen o motivo perdido

Enviado el jueves, 04 de septiembre de 2008 8:31

Un controvertido estudio enciende de nuevo la alarma sobre los orígenes de la homosexualidad. ¿El homosexual nace? ¿se hace? El estudio, sueco, afirma que el cerebro de los homosexuales se parece al del sexo opuesto. O sea, que las mujeres lesbianas son medio hombres heterosexuales y que los hombres homosexuales son medio mujeres heterosexuales. Qué lío. Prefiero dar rienda suelta al deseo y que cada uno, con las puertas del armario cerradas (o abiertas), disfrute el momento y con quien quiera entre sábanas. ¿Es realmente importante conocer el origen de la homosexualidad?

Núria Llavina Rubio

Depende. Depende de las interpretaciones que se hagan de los estudios. Por ejemplo, este estudio sueco, llevado a cabo en el Stockholm Brain Institute, puede tener varias lecturas. Vamos por partes y demos primero la lectura más “objetiva”. Los investigadores han llegado a la conclusión que el hemisferio derecho del cerebro es más grande en los hombres heterosexuales y mujeres homosexuales, mientras que los hemisferios cerebrales de los hombres homosexuales y mujeres heterosexuales parecen ser simétricos. Asimismo, los hombres homosexuales muestran otra similaridad cerebral con las mujeres heterosexuales en sus conexiones en la amígdala cerebral, que tiene un papel clave en las reacciones emocionales a los estímulos externos (incluido el estrés), al igual que las mujeres homosexuales y los hombres heterosexuales. Respiro y cojo aire.

Todo depende de quien lo lee


Parece claro que este estudio remarca el carácter supuestamente innato de la homosexualidad (aunque no se refiere en ningún momento a la interacción social del cerebro con la sociedad). Los psicoanalistas más froidianos no estarán de acuerdo y apelarán de nuevo al complejo de Edipo mal llevado. Los más fieles, por supuesto, demostrarán que siempre habían tenido razón y mostrarán su compasión ante la incurable pero tratable homosexualidad, recurriendo al párrafo 2357 del Catecismo: «Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta». Siempre y cuando vivan en castidad, claro…

La ciencia recurrirá a estudios pasados para corroborar el carácter innato de esta condición sexual. Ya se habló en investigaciones pasadas, por ejemplo, de que los hombres homosexuales y las mujeres heterosexuales tenían mejores habilidades lingüísticas que los hombres heterosexuales y las lesbianas, lo que también sugería una diferencia estructural en el cerebro. Asimismo, un famoso estudio de los años 90, llevado a cabo por el genetista Dean Hamer, hablaba de que la homosexualidad se transmite por el cromosoma X, o sea, a través de las mujeres. E aquí el nacimiento de nuevas interpretaciones. Este gen femenino… es defectuoso o comparable al de tener ojos azules o marrones? Muchos más estudios hay, pero ninguno con datos concluyentes. Vamos, que la homosexualidad se ha movido siempre en el terreno de la especulación.

Un lío padre


A veces me da la sensación que la reivindicación de los derechos para los homosexuales es como la celebración del día de la mujer trabajadora. No habrá una completa normalización hasta el día que no exista dicha jornada festiva. La comunidad gay de argentina ha declarado tras este estudio que este tipo de investigaciones recuerda a la época de los nazis, en la que los médicos redactaban manuales explicando las diferencias entre los judíos y los arios dejando claro, claro está, que la supremacía era de los arios. Dejando exageraciones aparte, lo cierto es que la búsqueda incesante del origen de la homosexualidad ahonda en las diferencias entre las dos condiciones sexuales. Soy mujer, soy lesbiana, tengo demasiadas celebraciones y reivindicaciones al año y lo único que me gustaría es que no existieran.

Qué embrollo la homosexualidad. La culpa la tiene mi madre; la responsabilidad la tiene la relación con mi padre; la culpa la tiene mi cerebro; la responsabilidad la tiene un gen que otros no tienen. ¿Culpas o responsabilidades? Lo que sé es que esta noche me voy a una «partygay». Las diferencias ahí se viven de forma natural (y pido disculpas por el atrevimiento de usar con tanta frescura la palabra “natural”). Ni la ciencia, ni la religión ni los traumas tienen cabida.

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