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Cambios, cambios

Enviado el viernes, 03 de julio de 2009 9:10





El director que había estado dirigiendo con mano de hierro durante cuatro décadas la American Geophysical Union (AGU), la asociación científica para la que trabajo, se retiró el pasado enero. Durante los primeros meses tras su marcha casi no pasó nada.






Foto:Luc Legay


Maria José Viñas
Supongo que al principio los había que no se podían creer que se hubiera ido (para muchos, su nombre era sinónimo de AGU). Otros estaban paralizados, ya que el buen hombre, que había elevado a la asociación de un simple capítulo de las National Academies of Science a una entidad independiente con más de 50.000 miembros en 135 países, tenía cierta tendencia a supervisar todos y cada uno de los aspectos de cómo funcionaba la organización. Así que, cuando el director interino llegó y en su primer discurso al personal nos dijo que nos permitiéramos explorar a nuestro gusto nuevas formas de hacer las cosas, muchos no supieron qué hacer con esa libertad adquirida. Al fin y al cabo, la palabra “cambio” (tan en el imaginario colectivo desde que Barack Obama la utilizara como eslogan en su campaña para la presidencia de Estados Unidos) no dice nada si no va acompañada de alguna indicación (aunque sea sólo una pequeña pista) de hacia dónde tiene uno que redirigirse.

Para mí, que no llevo mucho tiempo en este trabajo y por lo tanto no estoy petrificada por las viejas maneras de funcionar de la asociación, “cambio” supuso al principio cierta perplejidad (“¿que será lo que querrán?”) que derivó rápidamente en ilusión. Hasta el retiro del director, mis funciones habían consistido principalmente en escribir notas de prensa, responder a consultas varias de periodistas científicos y organizar ruedas de prensa en los congresos de mi organización. Eran faenas interesantes, pero me dejaban pensando que no estaba cumpliendo  con dos de las funciones que me habían dicho al contratarme que tendría (y que más me habían interesado): ayudar a los científicos a comunicarse y contribuir a mejorar el conocimiento del público sobre las ciencias planetarias y de la tierra.

Empecé con una tímida incursión en las llamadas redes sociales, con la idea de abrir un canal de comunicación más informal con los miembros, y con cualquiera interesado en nuestra ciencia. Es decir, que una buena tarde abrí sigilosamente una página en Facebook para mi asociación. Tal vez parezca poca cosa, pero prometo que para AGU se trataba de algo rompedor. Los primeros en apuntarnos al grupo (o, en términos técnicos de Facebook, hacernos fans) fuimos los de mi departamento (¿será eso hacer trampas?) Luego me decidí a preguntarle al administrador de un grupo no oficial de gente interesada en AGU en Facebook si por favor podía pedir a sus suscriptores que se apuntaran a la página oficial. En una tarde ya teníamos más de un centenar de fans, y uno de los primeros comentarios que de ellos recibimos fue “ya iba siendo hora!” Otros departamentos de mi asociación últimamente han estado experimentando con Twitter sin saber muy bien para qué lo quieren (¿Como servicio a los socios o para llegar al público general? ¿Para enviar recordatorios de renovaciones de la subscripción, o para hacer algo más divertido/interesante?) Sospecho que en realidad, están en Twitter porque es lo que toca hacer, lo que está de moda. Pero al menos ahora no temen probar nuevas formas de comunicación. La verdad, yo tampoco sé exactamente qué quiero conseguir con Facebook. De momento me ha permitido ponerles caras a los más de 700 simpatizantes (creo que en la mayoría son miembros de AGU) que se han apuntado. También me sirve para intentar enrolar a gente en otros proyectos más ambiciosos, como el que es ahora la niña de mis ojos: una serie de videos cortos sobre diversos miembros de AGU que sirvan para dar una idea al público del enorme rango de disciplinas científicas que la sociedad ampara.

Empecé a trabajar en el proyecto la semana pasada y estoy fascinada con las solicitudes para participar que he ido recibiendo desde entonces de los miembros. Abarcan una gran variedad de especialidades, desde científicos involucrados en el desarrollo de proyectos de Google Earth hasta recolectores de meteoritos en la Antártica, pasando por oceanógrafos que descubren mediante el uso del sónar antiguos bosques preservados en el fondo del mar y jóvenes científicos preparándose para ser astronautas. Muchos de los interesados ya tienen experiencia con medios de comunicación del calibre de la BBC, otros quieren probar porque creen que deben comunicar su ciencia al público. Los hay que ya se encargan por su cuenta de tender puentes por la sociedad, sea a través de proyectos educativos con niños o de blogs bien establecidos. Un par están confundidos y creen que el video les ayudará a promocionarse en su carrera. Muchos de ellos me dejan fascinada con el entusiasmo y la personalidad que se percibe tras las historias que me cuentan, y que espero que acaben reflejándose en los vídeos. Por ejemplo, un miembro de AGU que lleva cinco años haciendo trabajo de campo en el Ártico explica: "Entre mis anécdotas favoritas está el darse cuenta de que, pese a que reparar motos de nieve nunca formó parte de mis estudios reglados, será lo que me devolverá (o no) al campamento base. Y a veces, pese a tus mejores esfuerzos para reparar un motor fallido, tú y tu colega acabáis caminando diez horas de vuelta al campamento, lo que resulta ser una ocasión estupenda para reflexionar por qué has acabado así, atrapado en medio de la nada".

 
Este proyecto me lo ha confirmado: Lo mejor de mi trabajo en la asociación es el acceso que me proporciona a sus científicos.

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