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El genoma del cáncer

Enviado el jueves, 27 de noviembre de 2008 13:44

Barcelona acogerá la sede española del consorcio internacional del genoma del cáncer, recogían los medios hace unos pocos días. La iniciativa debe ser leída a varios niveles: España participará del consorcio, lo cual es una buena noticia, y la elección de la capital catalana reconoce la incipiente tradición genómica que ahí se acumula, que también. A partir de aquí, que la botella esté medio vacía o medio llena es otro cantar.



Xavier Pujol Gebellí

Obtener la secuencia del genoma del cáncer es una de las más viejas aspiraciones de los investigadores que en su día decidieron apostar por lanzar una de las mayores aventuras científicas: obtener el código genético humano. Renato Dulbecco, premio nobel de Medicina y a la sazón uno de los impulsores del Proyecto Genoma Humano, lo anticipaba en 1986, cuando todo estaba aún por hacer, en la revista Science: "O bien tratamos de descubrir los genes implicados en la enfermedad, uno a uno, palmo a palmo, o bien secuenciamos el genoma entero".

Por aquel entonces el Proyecto Genoma Humano era apenas un esbozo; e identificar un gen, caracterizarlo y atribuirle una función era poco menos que media vida para cualquier científico. Ni la ciencia ni la tecnología daban para más. La constitución de un consorcio internacional, liderado por Estados Unidos y Gran Bretaña, lo cambió todo. Y Craig Venter con su Celera Genetics y su liderazgo desde el sector privado, lo aceleró. La disyuntiva de Dulbecco se transformó en respuesta cuando Francis Collins, en representación de lo que ya era el "sector público", y Venter desde la parte privada, anunciaron conjuntamente la obtención del primer borrador del genoma en 2000. Como se recordará, el entonces presidente estadounidense Bill Clinton y el británico Tony Blair oficiaron, entre otros, de maestros de ceremonias.

En 2000, y en los inmediatos años que siguieron, buena parte de Europa había ya decidido subirse al carro de la genómica; en España, y salvo honrosas excepciones, ni olerla. Algunos laboratorios y algunos investigadores habían logrado, a contracorriente, prestigio internacional en genética y entreveían posibilidades enormes de desarrollo y de adquisición de conocimiento. El gobierno, en esos años en manos del Partido Popular, se limitaba a leer periódicos y a responder obviedades acerca de la no participación española en cualquier tipo de consorcio internacional o de la no inversión en un área entendida como central. Con la perspectiva del tiempo, es lógico pues que participar de la secuenciación del genoma del cáncer deba ser entendido como una buena noticia.

Como es público, la presión de científicos de prestigio, arropados por la prensa y una cierta contestación social, logró cambiar el rumbo de las cosas. Aunque no demasiado en un primer momento. No fue mucho pero algo se hizo: se anunció una acción especial dotada con 12 millones de euros; se sentaron las bases de lo que finalmente acabaría siendo la Fundación Genoma España y, por fin, se avisó al navegante de que se iba a poner en marcha una nueva fundación dedicada al fomento y promoción de la ciencia que haría las veces de una gran agencia científica desde la que se iban a canalizar y a financiar investigadores y grandes proyectos. La iniciativa, anunciada a bombo y platillo por José María Aznar, llevaba por nombre Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT). Los que saben de qué va la cosa recordarán también que los anuncios se concretaron a medias y que los dineros escasearon. Pasado el tiempo, todo ha quedado en un plano muy distante de lo que fue previsto. En años de bonanza económica, sonó a botella rota, a nueva oportunidad perdida.

Lo que ahora se ha anunciado tiene su verdadero origen en esos años que siguieron a la etapa de discursos grandilocuentes. Xavier Estivill, por aquel entonces a punto de desembarcar en el Centro de Regulación Genómica, y Roderic Guigó, uno de los pioneros españoles en bioinformática desde ese mismo enclave, formularon a la Generalitat catalana la oportunidad de poner en marcha un centro de secuenciación genómica capaz de prestar servicio a la comunidad científica del sur de Europa y, en paralelo, actuar como nodo de investigación. Fue en 2003, una época en la que la ciencia catalana estaba dirigida por Andreu Mas-Colell y en la que la cofinanciación estado-comunidad autónoma empezaba a ser moneda corriente. La iniciativa, sin embargo, no fraguó en ese preciso instante.

La llegada de la nueva ministra de Innovación y Ciencia, Cristina Garmendia, la pasada primavera, reactivó el proyecto que entró entonces en competencia con el deseo de Carlos Martínez Alonso, Secretario de Estado de Investigación, de poner en marcha la instalación en la Universidad de Alcalá de Henares. La resolución final ya es conocida, Barcelona será la sede española.

En cualquier caso, lo que importa es el fondo de lo que significa el acuerdo. Quedan muchos flecos por decidir, como a cuánto va ascender el proyecto (se habla de 50 millones de euros para los primeros cinco años), la ubicación física (hay más de un complejo científico que aspira a albergarlo) y quien será su máximo responsable (los nombres de candidatos a dirigir el equipamiento ya han empezado a circular). Pero el fondo parece resuelto: España se apunta por fin al carro de la gran genómica con una instalación que promete dar mucho de sí. Por el momento, para atacar uno de los motivos principales que en su día animaron el arranque del Proyecto Genoma Humano, la secuenciación del genoma del cáncer. Y, además, con una especificidad: resolver la secuencia de la leucemia linfocítica crónica, la más frecuente. De este modo, se contribuirá a completar los proyectos que en el ámbito de la investigación oncológica van a desarrollarse conjuntamente desde Australia, Canadá, China, Francia, India, Japón y Gran Bretaña.

Si los anuncios se convierten por fin en realidad, lo cual significa que va a dotarse al centro de los recursos que precisa para ser competitivo a nivel internacional, el debate acerca de si la botella está medio llena o está medio vacía igual pierde peso a favor de la que realmente cuenta: hay botella. Por fin.


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Comentarios

# re: El genoma del cáncer

28/11/2008 11:18 por annimo
Sr. Pujol,

Le adjunto una referencia para que vea que, además de los cuentos de color de rosa que la ciencia oficial quiere que nos traguemos, hay otros puntos de vista; no se podrá decir que su autor no es persona autorizada.

Atentamente.

Nature Biotechnology 23, 535 - 537 (2005)
doi:10.1038/nbt0505-535

The Human Cancer Genome Project—one more misstep in the war on cancer

George L Gabor Miklos

George L. Gabor Miklos is at Secure Genetics Pty Limited, 19 Bungan Head Road, Newport Beach, Sydney, New South Wales, Australia 2106. He was an advisor to the Berkeley Drosophila Genome Project and to the human and mouse genome projects at Celera. gmiklos@securegenetics.com
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